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Templo Masonico Nacional

A L∴ G∴ D∴ G∴ A∴ D∴ U∴ Palabras de Antonio Guzmán Blanco en el acto de inauguración del Templo Masónico Nacional en Caracas.

“Esto no es solamente un Templo Masónico; es más que eso, es el Templo que oficialmente levanta el Gobierno de Venezuela a la Independencia de la razón del hombre; templo en que caben sin estorbarse ni contradecirse tanto los hebreos como los cristianos, así los católicos como los cuáqueros, el deísta como el protestante.

Este es el Templo de la humanidad civilizada, lo he levantado sabiendo muy bien lo que hacía y asumiendo la totalidad de las responsabilidades que tan insólito hecho entraña. Desde este punto de vista, encontraréis explicado cómo es que al mismo tiempo que levanto este Templo de la Masonería, estoy construyendo otro al catolicismo, que será el más suntuoso de Sur América y como, si tuviera tiempo, erigiría una Sinagoga y otro templo a la secta protestante.

La civilización del siglo XIX es el triunfo de la Masonería. Con el decálogo, que es el código de la moral universal y eterno, primero, y con Jesucristo, como modelo, después: antes por medio de la asociación y después de Gutemberg, por medio de la imprenta, ha realizado una verdadera transformación en que la barbarie, la ignorancia, o el fanatismo, se han sustituido por la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Jesucristo y Gutemberg son las dos grandes antorchas de la Edad Moderna : Jesucristo como generador de la redentora civilización y Gutemberg como inventor de la máquina para popularizarla hasta en las últimas extremidades sociales.

Lo que se diga dentro y fuera de la República por todos los fanáticos, ilustrados o ignorantes, que para el caso poco importa, no me intranquiliza de manera alguna.

Mis profundas convicciones me dicen que estoy sirviendo a la causa de la humanidad, a la causa de Dios, mejor, muchísimo mejor, que todos aquellos que quisieran detener el mundo, porque no comprenden la inmensidad del Eterno y la grandeza que desde el principio y en cada día, tiene destinada la especie humana.

La Masonería no tiene ya que discutir el libre pensar, ni la libertad del ciudadano, ni ninguna de sus prerrogativas individuales, porque la soberanía del individuo es dogma de la época, lo mismo bajo las monarquías que bajo las repúblicas; pero la Masonería tiene todavía una gran labor que cumplir, proponiéndose en cada nación del orden suyo el imperio del progreso y del porvenir pugnado por la paz como condición inexorable de toda saludable conquista y condenando la guerra como el único medio de éxito que han tenido y pueden tener todas las usurpaciones, y a los fanáticos, verdaderos y únicos enemigos de Dios y de su predilecta humanidad. Este programa es tan patriótico en la legal Inglaterra como en la inestable Francia, en la antigua España como en la moderna Alemania, como en el grande e insólito modelo de los Estados Unidos del Norte, como en Venezuela, como en cada una de las nacientes Repúblicas de la América del Sur.

Ojalá, ya que en Venezuela hemos logrado fundar la paz bajo un gobierno respetable moral y materialmente, ya que la República ha vindicado su soberanía, y ya que hemos entrado en el franco desenvolvimiento intelectual y material de la Patria, la Masonería juzgue de su deber ponerse a la cabeza de la propaganda que condena todos los medios de la fuerza y la violencia, para sustituirlos con los de la paz y la inteligencia.

…Quizás sea ésta la ocasión de proponer a todos los masones que me oyen la reorganización de la Orden, tomando por tema concreto de sus trabajos, la paz, el bienestar y el porvenir de Venezuela. Así vendría a ser la Masonería Venezolana para la consolidación y adelanto de nuestra patria, lo que la Masonería Universal ha sido para los adelantos y civilización de la humanidad en los cinco últimos siglos.

“ Viva la independencia de la razón!
“ Viva la civilización!
“ Viva la confraternidad humana!

Así terminó el acto de la inauguración del Templo Masónico Nacional en Caracas con el discurso del Presidente de la República, General ANTONIO GUZMAN BLANCO, el 27 de Abril de 1876, hace ya 145 años, en un acto solemne, entre las esquinas de Jesuitas y Maturin.

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