Desde tiempos inmemoriales, el masón ha sido, por sobre todas las cosas, un constructor. La histórica transición de la masonería operativa a la especulativa no significó el abandono de las herramientas de nuestros antiguos hermanos, sino su sublimación. Hoy, ante el advenimiento de la era de la información, el Velo Simbólico no se rasga; se adapta y evoluciona.
Se ha pretendido sembrar en las columnas de nuestros templos universales la falsa premisa de que el espacio digital es incompatible con el secreto, el silencio y el método iniciático. *Esta es una visión profana y temerosa, propia de quienes temen a la herramienta por desconocer su correcto uso*, llegando al absurdo despropósito de utilizar la misma tecnología que condenan para intentar detener la marcha del tiempo.
El teclado, la pantalla y la plataforma digital son el mazo y el cincel del siglo XXI. Por sí solos, no corrompen la piedra bruta ni la transforman en una mercancía masificada; simplemente facilitan el desbaste para que la luz alcance a quienes vagan buscando dirección en las tinieblas.
La historia reciente es el juez más implacable frente a las falacias. Por ejemplo, durante los últimos siete años, la Gran Logia de Venezuela ha demostrado de manera irrefutable que la tecnología, puesta al servicio de la Orden y guiada por la escuadra y el compás, es un motor de virtudes. Lejos de convertirnos en un escaparate de superficialidades, nuestras plataformas han sido el nervio logístico que nos ha permitido coordinar el socorro ante los desastres naturales, gestionar la filantropía internacional para llevar salud a nuestros niños, y proyectar un verbo orientador —un auténtico diccionario para la esperanza— en los momentos en que la sociedad más requiere de liderazgos firmes y comunicaciones estratégicas.
Nuestra presencia en la red no inicia a los profanos, ni reemplaza el escrutinio sagrado y solitario del Cuarto de Reflexiones. La tecnología es el vestíbulo, el faro que anuncia que el Templo sigue erguido. La evaluación moral, la cooptación y el reteje siguen y seguirán siendo celosamente resguardados por el ojo visor del Maestro y la espada del Guarda Templo. Emplear la red para organizar nuestro trabajo administrativo, desmentir calumnias o extender nuestra voz pública no profana nuestros misterios; los blinda contra la ignorancia.
El masón venezolano, forjado en el yunque de la resiliencia y el pensamiento crítico, no se atrinchera en la nostalgia del pasado, sino que asume la responsabilidad de moldear el presente.
Negarse a utilizar la tecnología es equivalente a pedirle a los constructores de las grandes catedrales que renunciaran a la polea.
Seguiremos elevando nuestros muros, pues sabemos que la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza no temen a las nuevas eras; las iluminan.
SECRETARIA DE MEDIOS Y PLATAFORMAS DIGITALES.