Ayer 30 de junio vimos el cielo de color rojo intenso. Por ello muchas personas se alarmaron y mil hipótesis salieron a relucir.
Tras los temblores, diversas teorías virales sugirieron que la coloración de la atmósfera actuaba como una alerta sísmica. Sin embargo, la comunidad científica ha desestimado estas afirmaciones. El doctor en astrofísica Santiago Vargas Domínguez explicó de manera tajante que este evento no guarda ninguna conexión con la actividad de las placas tectónicas.
De acuerdo con la explicación del especialista, lo observado en el cielo ayer corresponde a un fenómeno atmosférico natural, común en amaneceres y atardeceres, conocido como arrebol o candilazo. Este suceso ocurre cada día cuando la luz del sol atraviesa una capa muy densa de la atmósfera. Durante ese momento, los colores de onda corta sufren una dispersión, permitiendo que exclusivamente los tonos rojizos lleguen a la vista humana.
El doctor Vargas Domínguez enfatizó que la intensidad de esta coloración depende de manera estricta de las condiciones meteorológicas y de la presencia de partículas en el aire, y no de la presión tectónica.
Existe un evento llamado luces sísmicas, las cuales representan un fenómeno electromagnético mucho más inusual y geológicamente específico.
Es muy importante siempre y en especial en momentos como los que atravesamos que la información que manejemos sea fidedigna. Mucho hemos atravesado para preocuparnos sin razón gracias a una desinformación.
Sigamos adelante en medio de lo que nos ha tocado vivir y mantengamos la esperanza de que podemos continuar nuestras vidas con bienestar.
SECRETARIA DE MEDIOS Y PLATAFORMAS DIGITALES
* Credito imagen: @andresjaviermonagas